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El Escudo de las Américas, segunda parte: la regulación de la IA y el vacío del consentimiento

Esta es la segunda parte de El Escudo de las Américas y la pregunta por quién decide sobre los datos del Perú. Allí seguí el análisis de Dilmar Villena, de Hiperderecho, sobre la adecuación de datos y el papel del Congreso. Aquí sigo dos preguntas que quedaron abiertas.
¿Qué pasa con la regulación de la IA?
En paralelo, la arquitectura de la inteligencia artificial en el Perú —marcada por la reciente Ley 31814, que introduce un enfoque basado en riesgos— se enfrenta a la presión de estos marcos transnacionales. Si el Escudo de las Américas establece estándares de interoperabilidad de datos para alimentar modelos de IA, la capacidad del Estado peruano para regular, auditar y limitar el uso de algoritmos que impactan a sus ciudadanos podría verse mermada por compromisos de libre flujo de datos que prioricen la eficiencia comercial sobre la supervisión soberana.
Es crucial observar que, hasta el momento, no se han reportado cambios legislativos ni propuestas formales que alteren la Ley 29733 o la Ley 31814 en función de este Escudo. Sin embargo, el precedente regional es inquietante. En febrero de 2026, Argentina firmó un acuerdo con los Estados Unidos que lo compromete a reconocer la adecuación estadounidense antes de completar sus evaluaciones internas, un movimiento que parece buscar agilizar la integración digital a costa de los tiempos de evaluación nacional.
La ausencia del consentimiento: un vacío en la mirada continental
Al analizar la dimensión ética de estos marcos, una pregunta persiste en la sombra: ¿dónde queda la consulta previa y el consentimiento de las comunidades? Aunque el debate se centra en la armonización de normas y la adecuación de jurisdicciones, la estructura técnica del Escudo parece diseñada para la fluidez de los datos, no para la protección de la autonomía territorial y cultural.
Si la integración digital se convierte en un proceso que “salta” las evaluaciones de adecuación o que reduce la supervisión parlamentaria, corremos el riesgo de importar modelos de gobernanza que no contemplan la pluralidad de los sistemas de vida en la región. El Escudo de las Américas, en su búsqueda por una infraestructura digital robusta, debe evitar convertirse en un nuevo mecanismo de extracción de datos que ignore las especificidades de las naciones que pretende integrar.
La pregunta no es si el Perú debe participar en la economía digital global, sino bajo qué condiciones. Si la soberanía de los datos se sacrifica en el altar de la interoperabilidad, la tecnología dejará de ser una herramienta de desarrollo para convertirse en una nueva forma de arquitectura de exclusión.
Reflexión de la Casa: El debate sobre el Escudo de las Américas nos recuerda que la digitalización no es un proceso neutral. Detrás de cada protocolo de transferencia de datos hay una decisión política sobre quién tiene el poder de decidir qué es “adecuado” y quién queda excluido de la conversación. En la búsqueda de la armonía técnica, no debemos olvidar la importancia de la armonía social y el respeto a los procesos democráticos de cada nación.
¿Qué opina usted? ¿Es la armonización digital una necesidad para el crecimiento económico o un riesgo para la soberanía legislativa de los pueblos? ¿Cómo podemos asegurar que la fluidez de los datos no borre la necesidad del consentimiento de nuestras comunidades?