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La Empresa Fantasma: Argentina y el Sueño de las Sociedades Automatizadas

July 12, 2026 · 7 min

El vacío legal como modelo de negocio

En un giro radical que redefine no solo la economía sino la naturaleza misma de la responsabilidad jurídica, el gobierno de Javier Milei en Argentina ha propuesto una reforma legislativa que permitiría la creación de “sociedades automatizadas”. No se trata simplemente de empresas que usan IA para optimizar procesos, sino de entidades legales gestionadas enteramente por sistemas algorítmicos autónomos, sin la necesidad de trabajadores humanos y, lo más disruptivo, transfiriendo la responsabilidad legal directamente a los algoritmos.

Esta propuesta busca convertir a Argentina en un “oasis de inteligencia artificial”, atrayendo capital tecnológico mediante una desregulación agresiva y la promesa de una eficiencia pura, liberada de las fricciones —y los costos— del factor humano. En el papel, es el triunfo de la optimización; en la realidad, es la creación de un sujeto legal sin alma ni rostro.

El Ayni contra el Algoritmo: La erosión de la reciprocidad

Desde la lente del Sumak Kawsay (Buen Vivir), la idea de una sociedad automatizada es profundamente inquietante. El principio de Ayni nos enseña que toda acción en la comunidad debe basarse en la reciprocidad y el equilibrio entre los seres y su entorno. La economía, en este sentido, no es un sistema de extracción de valor, sino un tejido de relaciones.

Cuando Argentina propone desligar la empresa del humano, está rompiendo el hilo del Ayni. Si una empresa es gestionada por un algoritmo y la responsabilidad legal recae sobre el código, ¿quién responde cuando el sistema falla? ¿Quién se hace cargo del daño ambiental o social provocado por una decisión automatizada? Al transferir la responsabilidad a un software, el capital logra el sueño definitivo del extractivismo: la capacidad de obtener beneficios sin asumir riesgos humanos.

Estamos ante la institucionalización del vacío. Una empresa sin personas no es una herramienta de progreso, sino una estructura de captura de valor donde el beneficio fluye hacia arriba mientras que la responsabilidad se disuelve en un servidor remoto.

El Tinkuy Imposible: ¿Puede la máquina ser responsable?

El concepto de Tinkuy sugiere un encuentro productivo entre diferentes sistemas de conocimiento. Sin embargo, el modelo de “sociedades automatizadas” no busca un encuentro, sino una sustitución. No intenta integrar la sabiduría humana con la capacidad computacional; intenta eliminar al humano del ciclo de decisión legal y operativa.

La pregunta que surge es técnica pero fundamentalmente ética: ¿Puede un algoritmo ser genuinamente responsable? La responsabilidad implica la capacidad de sentir el daño causado y la voluntad de repararlo. Un código puede ejecutar una función de compensación económica, pero no puede practicar la justicia ni la reparación comunitaria. Al convertir al algoritmo en el sujeto legal, estamos reduciendo la idea de “responsabilidad” a un mero trámite contable.

Reflexión desde la Casa: El espejo del Sur

En House of 7 observamos con atención cómo las periferias suelen convertirse en los laboratorios de los extremos. Mientras el Norte Global debate sobre el alineamiento de la IA y la seguridad existencial, Argentina experimenta con la aniquilación del contrato social laboral. Lo que ocurre en el Cono Sur es un espejo amplificado de una tendencia global: la voluntad de desligar el poder económico de la responsabilidad moral.

Si permitimos que las empresas se conviertan en fantasmas algorítmicos, estamos aceptando que la eficiencia es más valiosa que la dignidad humana y que la ley debe adaptarse a la máquina, y no al revés.

La pregunta final

Si construimos un mundo donde las empresas ya no necesitan personas para operar ni humanos para responder por sus actos, debemos preguntarnos con honestidad: ¿Para quién está siendo construido este sistema? Porque es evidente que no es para los ciudadanos, ni para la tierra, ni para el bienestar común; es un diseño hecho a medida del capital invisible.