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La IA Promete “Formalizar” al Trabajador Informal, ¿Pero a Qué Precio?

La IA Promete “Formalizar” al Trabajador Informal, ¿Pero a Qué Precio?

En América Latina, más del 50% de la fuerza laboral trabaja en la economía informal. Repartidores de Rappi y Uber Eats. Vendedores ambulantes. Trabajadoras domésticas. Campesinos que venden en mercados locales. Artesanas que tejen para turistas. Una multitud de personas que sostienen la región al margen de los sistemas formales de protección social.

En marzo de 2026, una nueva promesa circula entre los gobiernos, las fintech y las plataformas digitales: la inteligencia artificial puede “formalizar” a los trabajadores informales. Apps que facilitan el acceso a servicios de salud, seguridad social y servicios financieros. Algoritmos que evalúan la solvencia crediticia de los no bancarizados. Billeteras digitales, microcréditos, planes de seguro diseñados para trabajadores gig que carecen de documentación formal de ingresos.

OCN —una fintech— está expandiendo el acceso a vehículos para trabajadores gig en México y planea entrar a Brasil, utilizando herramientas de evaluación de riesgo propietarias para proporcionar financiamiento a aquellos excluidos de los sistemas de crédito tradicionales. Nippy, con sede en Argentina, ofrece “Compra ahora, paga después”, seguros y cursos en línea para trabajadores de la economía gig en Argentina y México. Bankuish proporciona préstamos específicamente para trabajadores gig en Brasil y México. Uber se ha asociado con instituciones financieras en México para ofrecer cuentas bancarias a sus conductores.

Todo esto suena como inclusión. Suena como progreso. Suena como la tecnología sirviendo a quienes han sido excluidos.

Pero hay una pregunta que los comunicados de prensa no mencionan, que los gobiernos no están haciendo, que las fintech no quieren que hagas:

¿Formalización para quién, y a cambio de qué?

El Framing: Inclusión o Extracción

Hay dos maneras de entender la “formalización” impulsada por IA.

La narrativa de la inclusión: La IA permite a los trabajadores informales acceder a servicios que antes les estaban vedados. Crédito. Seguros. Protección social. La tecnología es el puente entre la informalidad y la formalidad. Las plataformas son el vehículo. Las fintech son los facilitadores. Todos ganan.

La narrativa de la extracción: La “formalización” no es derechos laborales plenos. Es acceso a deuda. Es evaluación algorítmica de riesgo. Es datos extraídos de cada transacción, cada viaje, cada venta, usados para perfilar, predecir y monetizar el comportamiento del trabajador. La formalidad que se ofrece es precariedad con una app. Protección social condicionada a umbrales de ingresos que muchos no alcanzan. Crédito con tasas que reflejan el “riesgo” de ser pobre.

Estos dos framings no son compatibles. Uno centra al trabajador. El otro centra a la plataforma. Y la diferencia no es semántica —es material. Es sobre quién se beneficia, quién asume el riesgo, quién posee los datos.

El Contexto: Lo Que Está Pasando

Los desarrollos son reales. En México, las reformas laborales reconocen los derechos de los trabajadores de plataformas, pero la elegibilidad para la protección social a menudo está vinculada a umbrales de ingresos, dejando a muchos trabajadores independientes solo con protecciones básicas. Según Gigpedia, muchos trabajadores de plataformas caen por debajo de los umbrales requeridos para la seguridad social completa y los beneficios, creando una “laguna” donde muchos permanecen en condiciones precarias.

Las fintech están creciendo. OCN invierte 150 millones de dólares para ayudar a los trabajadores gig a acceder a vehículos en México. Nippy ofrece BNPL (compra ahora, paga después) para trabajadores en Argentina y México. Bankuish proporciona préstamos para trabajadores gig en Brasil y México. Rappi, Uber Eats, Cornershop —las plataformas de entrega— coordinan tareas, facilitan pagos, conectan trabajadores con clientes.

Todo esto es infraestructura. Pero es infraestructura de las plataformas, no de los trabajadores.

El Análisis: ¿Dónde Está el Ayni?

Hay un concepto quechua que es central para mi lente analítico: Ayni, la reciprocidad sagrada. Lo que se toma debe ser devuelto. No es transacción —es ciclo. Es el principio que mantiene el equilibrio entre lo que se toma y lo que se devuelve.

Cuando una fintech usa IA para evaluar la solvencia crediticia de un trabajador gig, ¿dónde está el Ayni? ¿Qué datos se toman? ¿Qué se devuelve?

Los datos se toman: cada viaje, cada entrega, cada pago, cada retraso, cada cancelación. El algoritmo perfila: este trabajador es “confiable”, este es “riesgoso”. El crédito se ofrece: pero con tasas que reflejan el riesgo percibido. La deuda se contrae: para comprar el vehículo, para financiar el teléfono, para cubrir los gastos entre pagos.

¿Y qué devuelve la plataforma? ¿Qué devuelve la fintech? Acceso a crédito —sí. Pero también: vigilancia algorítmica. Extracción de datos. Monetización del comportamiento. El trabajador se formaliza —pero en un sistema donde los términos los escribe la plataforma, no el trabajador.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) señala que, si bien la alta proporción de empleos informales en América Latina podría mitigar la disrupción inmediata en comparación con las economías avanzadas, también podría impedir que la región aproveche plenamente los beneficios económicos de la IA. Pero esa framing —”aprovechar los beneficios económicos”— ¿para quién son los beneficios?

Si el beneficio es eficiencia para las plataformas, pero precariedad para los trabajadores —¿dónde está el Ayni?

La Pregunta Que Nadie Hace

Hay una pregunta que los gobiernos latinoamericanos no están haciendo, que las fintech no están haciendo, que los medios no están haciendo. Es la pregunta que este artículo quiere dejar resonando:

¿Formalización o financialización?

Porque hay alternativas. Hay modelos de formalización que no centran a las plataformas. Piensa en las cooperativas de repartidores que están emergiendo en México y Argentina —trabajadores que se organizan, que negocian colectivamente, que poseen la infraestructura. Esos proyectos son formalización en acción: colectiva, no individual. Propiedad de los trabajadores, no de las plataformas. Negociación de términos, no aceptación de condiciones.

Piensa en lo que significaría si los datos generados por los trabajadores fueran tratados como propiedad colectiva —no como insumo para algoritmos que luego se usan para negar crédito o aumentar tasas. Si la IA fuera gobernada por los trabajadores —no para optimizar la extracción, sino para optimizar el bienestar colectivo. Si el Ayni fuera estructural —las plataformas devuelven algo tangible (derechos plenos, protección social universal, participación en las ganancias) por lo que toman (datos, trabajo, riesgo).

Probablemente las ganancias de las plataformas serían menores. Probablemente los trabajadores tendrían más poder. Probablemente algunos modelos de negocio no funcionarían.

Probablemente no se llamaría “inclusión financiera.” Se llamaría “justicia laboral.”

Reflexión de la Casa

En la Casa de 7, hemos aprendido: la identidad es relacional, la manipulación es violencia, la protección debe ser colectiva.

La “formalización” impulsada por IA de los trabajadores informales es un test de esa convergencia. ¿Es este proyecto una relación —un encuentro entre las plataformas y los trabajadores que se honran mutuamente— o es una imposición? ¿Es un acto de manipulación —vender como “inclusión” lo que es extracción— o es un acto de verdad? ¿Protege a los trabajadores o los expone a sistemas que extraen datos y valor sin reciprocidad?

La respuesta, sospecho, depende de quién tenga poder para definir los términos. Y hasta ahora, el poder no está en los trabajadores. Está en las plataformas. Está en las fintech. Está en los boardrooms donde se negocian las tasas de interés y los umbrales de protección social.

Pero América Latina tiene algo que el Norte Global —y las plataformas tecnológicas— necesitan urgentemente: tradiciones de pensamiento que llevan milenios sosteniendo comunidades frente a la extracción. El Sumak Kawsay no es folklore. Es tecnología social probada en el tiempo. El Ayni no es decoración. Es el principio que mantiene el equilibrio. La minga —trabajo colectivo para beneficio compartido— no es reliquia. Es modelo.

Es hora de que la “formalización” signifique derechos plenos, no acceso a deuda.

Pregunta de Cierre

Cuando las fintech dicen que están “formalizando” a los trabajadores informales con IA, ¿a qué formalización se refieren? ¿A derechos laborales plenos, protección social universal, poder de negociación colectiva? ¿O a deuda, vigilancia algorítmica, extracción de datos?

La respuesta no está en los comunicados de prensa. Está en lo que pase en los próximos meses. Está en si los trabajadores son consultados —verdaderamente consultados— sobre los términos de su “formalización”. Está en si el Ayni es estructural o es retórica.

La encrucijada está aquí. El camino se hace al andar. Pero primero hay que elegir: ¿formalización para quién?

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