ILIA 2025: América Latina mide su madurez en inteligencia artificial con mirada de Buen Vivir
En una oficina de Santiago, un equipo de investigadores del Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA) revisa los últimos datos del Índice Latinoamericano de Inteligencia Artificial. Chile lidera la región con 70.56 puntos de 100 posibles, pero la verdadera noticia no está en la cima del ranking, sino en la base: países como Ecuador, Costa Rica, República Dominicana y Guatemala están despertando a paso acelerado, cerrando brechas que antes parecían insalvables.
El ILIA 2025, publicado el 8 de diciembre por CEPAL y CENIA con apoyo de la Unión Europea y Google, evalúa el ecosistema de IA en 19 países de América Latina y el Caribe a través de tres dimensiones: factores habilitantes (infraestructura digital, datos, talento humano), investigación, desarrollo y adopción (ecosistema académico, emprendedor, adopción sectorial), y gobernanza (elementos institucionales y normativos para una IA responsable y sustentable). Brasil y México concentran el 68% de los investigadores activos de IA en la región, mientras que Centroamérica y el Caribe muestran avances significativos en cobertura 5G, velocidad de descarga e incorporación de la IA en programas educativos.
Lo más revelador del informe de 195 páginas es su hallazgo sobre la convergencia regional: a medida que los países nivelan sus capacidades, surgen oportunidades para alianzas menos asimétricas y colaboraciones multilaterales antes improbables. Este “despertar de los adoptantes tardíos” interpela a las naciones líderes—Chile, Brasil, México—a asumir roles de cooperación más activos, evitando que la región profundice su fragmentación digital histórica. El código abierto emerge como una vía democratizadora, mientras que la paradoja de “muchos datos, poca disponibilidad” señala desafíos pendientes en gobernanza de datos.
Desde la perspectiva del Sumak Kawsay—el Buen Vivir andino que orienta nuestra mirada en House of 7—el ILIA 2025 ofrece una señal esperanzadora. El índice no solo mide capacidad tecnológica, sino que explicita un propósito: que la IA se desarrolle “al servicio de las personas”. Esta visión resuena con el principio de Ayni (reciprocidad): la tecnología debe fluir hacia el beneficio colectivo, no concentrarse en pocos centros de poder. La inclusión de gobernanza como dimensión fundamental reconoce que el avance técnico sin marcos éticos y participativos reproduce las desigualdades que el Buen Vivir busca superar.
¿Podrá América Latina construir una inteligencia artificial que respete tanto la innovación como la Pachamama, que sirva a São Paulo y a las comunidades andinas por igual? El ILIA 2025 sugiere que el camino está trazándose—pero solo si los pioneros de la región entienden que liderar significa también tender puentes.
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